Carta de Amor abierta

Seguro que a estas alturas del asunto, muchos os habéis dado cuenta que ser regular en la escritura de este blog, no es precisamente mi fuerte: tengo muchas ideas pero poco tiempo o inspiración para ponéroslas por escrito.

PERO estamos en San Valentín. A ver, no es que yo sea una loca de este tipo de fechas, pero siempre me gusta tener un detalle… así que este año, en lugar de uno, he decidido tener dos.

truchiSi pasáis por la sección de Freebies, veréis que tenéis para descargar un set de lámina y tarjeta de felicitación que rezan “Te quiero mucho, más que la trucha al trucho”. Mi marido me lo dice bastante. Bueno, puntualicemos, lo que dice bastante es “Te quiero mucho” y si me pilla de un humor regular le contesto “sí, ya, como la trucha al trucho”. Lo que yo no sabía es que dicen las malas lenguas que las truchas hembras se comen a los machos después de hacer sus cositas. Vamos, que no sé si es cierto, pero me impactó un poco… así que decidí hacer una tarjeta en la que dijera “más” porque obviamente aquí no nos vamos a comer a nadie, jajaja. Veréis que las fotos no son una maravilla, y es que, como también sabéis, lo de las fotos tampoco es mi fuerte (aunque estoy intentando solucionarlo, ya os lo contaré).
Mi segundo detalle de San Valentín es una “Carta abierta de Amor”, y veréis, es abierta, porque la voy a colgar aquí mismo, así que todos podrán leerla, aunque sé que a mi marido tal vez le va a hacer poca / ninguna gracia (con lo serio que es él…). Y es de Amor con mayúsculas porque con el tiempo me he dado cuenta que el amor con minúsculas sirve para poco tirando a nada.

Y sin más preámbulo, aquí va:

Amor,
Como diría Bilbo, diez años no son nada … pero de entre toda la gente que conocí en mi vida, yo me quedé contigo (y tú conmigo, que no es poco).
Verás, cuando era pequeña soñaba muchas cosas, algunas de ellas se han cumplido y otras no. Por ejemplo, Disney me hizo tener unas altas expectativas respecto a los hombres: El Príncipe Azul. Pues diré que ese sueño no se cumplió, nunca conocí al Príncipe Azul (y casi mejor, porque no sé que iba a hacer yo con un señor como los de Avatar): te conocí a ti, que tienes mucho de muchas cosas, pero de príncipe y de azul, más o menos lo mismo que yo de princesa encantada –nada- ). Con esto quiero decir que no eres perfecto, ni tienes sonrisa Profident, ni me tratas con condescendencia, ni me encierras en casa a ver la vida pasar, ni nunca pretendiste que fuera un adorno que enseñar. Al contrario, eres imperfecto, tienes mal humor, eres cariñoso, me haces sentir segura, eres cabezón … y me tratas de igual a igual. Tal vez es una de las cosas que más me gusta y me disgusta de ti, porque cuando una tiene el día princesil, eso de la igualdad mola poco.
Al hilo de lo de Disney, tampoco hemos tenido una gran historia de amor, de ésas de las de caer fulminado por un rayo de amores, de saber instantáneamente que éramos el uno para el otro para siempre. Nuestra historia está construida de pequeñas cosas, de las que hacen el día a día y nos construyen tal y como somos, ¿para qué iba a querer caer fulminada de amor sin conocerte? Te quiero porque te conozco, porque sé tus virtudes y tus manías, porque cada día sufro y disfruto de tus fortalezas y debilidades. No te necesito desesperadamente: yo podría vivir sin ti, y tú sin mí, es de algo de lo que estoy segura. La necesidad es negativa. Por necesidad la gente hace muchas cosas que en condiciones normales no haría, la necesidad es una cadena que tira de ti y te impide decidir. Y yo quiero decidir: decido estar contigo, no porque te necesite, no por adicción, sino porque quiero.
Y llega el momento de dar las gracias por lo que tenemos: gracias por quererme, por aceptarme como soy (tal vez más de lo que me acepto yo misma), gracias por hacerme una sopa calentita cuando estoy malita, por sorprenderme cuanto más te conozco, por pensar siempre en plural y echarme la bronca cuando me estoy desmadrando.
Te quiero, y espero que sigamos persiguiendo arco iris mucho tiempo más.

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