La palabra del miedo, o la esperanza

Conozco una palabra aterradora: una palabra que por sí sola te puede poner la vida del revés. Una palabra que me da pesadillas, tal vez una de las palabras más feas de nuestro idioma, y de muchos otros. Seguro que tú también la conoces. Seguro que has tenido un amigo, un familiar o un vecino al que ha atacado. Es una palabra corta, demoledora, que afecta a todos por igual: cáncer.

Por desgracia he tenido bastantes afectados entre mis allegados, para más desgracia me ha apartado para siempre de personas a las que quiero. Digo quiero, porque las quiero, en presente, a todas ellas. Si habéis vivido de cerca la enfermedad os hacéis a la idea de lo que se puede sentir cuando se pierde, pero también la satisfacción de saber que alguien ha ganado la batalla, que se ha curado, porque también hay muchos casos.

Soy de la opinión que la enfermedad no debería existir. Si los gobiernos tuvieran un mínimo de decencia las dotaciones para investigación tendrían que ser comparables a las de defensa o armamento. ¿De qué te sirve ser una gran potencia si no puedes evitar que alguien se te muera de una enfermedad? Si todo lo que se malgasta se invirtiera, no estaríamos hablando de personas enfermas, seguro.

Pero no es así. Y una vez más, aceptando que la enfermedad existe, si los gobiernos tuvieran un ápice de decencia, procurarían, por lo menos, que todas las personas enfermas estuvieran bien atendidas, y sus familias pudieran hacer frente (por lo menos) a todas las cargas económicas que ello conlleva (ya no hablo de cáncer exclusivamente, hablo de todo tipo de dolencias o necesidades especiales que a uno le pueden surgir durante su vida).

Y aquí llego a Alba. Yo no la conocí. Nunca compartí un rato con ella, nunca oí su voz, ni la vi sonreír en persona, nunca la acaricié ni supe cuándo estaba feliz o triste.

Pero yo, como muchas otras personas, quiero a Alba. Aunque ella haya volado. Aunque le salieran alas y se escapara del dolor y del sufrimiento, llevándose solo el amor de todos los que la quisieron y la quieren.

Alba tenía cinco años. Y cáncer infantil desde que era un bebé.

Cáncer es una palabra aterradora. Pero se vuelve más aterradora si le pones “infantil” detrás. Porque, supongo que igual que a ti, a mí no me gusta ver sufrir a nadie. Y de entre todos los nadies a quien menos me gusta ver sufrir es a un niño.

La familia de Alba, que está entre las personas más generosas que ha dado este país, sigue con la lucha de su hija: han creado la Asociación Alba Pérez, lucha contra el cáncer infantil, cuyo objetivo es la recaudación de fondos para la financiación de proyectos de investigación del cáncer infantil. Que no tienen ninguna obligación, que podrían dejarlo todo e intentar seguir con sus vidas. Pero no lo hacen. Se empecinan en su causa. Porque podría ser tu hijo, o el mío. Podría ser tu sobrino o tu nieto. Desde luego duele mucho más cuando le pones cara.

A pesar de todo el cáncer se puede curar, seguro. Tenemos casos todos los días. Personas que tienen cáncer, siguen sus tratamientos y lo superan, y continúan con sus vidas. Sólo hay que investigar un más, seguir tirando del hilo, porque el objetivo es que el porcentaje de recuperación sea del 100%.

Y si has leído hasta aquí ya sabes lo que te voy a pedir a continuación. COLABORA. Porque el próximo puede ser cualquiera. Porque, con seguridad, un euro al mes no te saca de pobre. Y mi euro, más tu euro, más su euro… juntan un montón de euros, con los que se puede impulsar una investigación que salve la vida de un niño. Porque, si Alba siendo tan pequeñita, luchó, su familia sigue luchando, ¿por qué no luchas tú también? Esta es de las pocas guerras que vale la pena luchar.

Más información en  http://www.asociacionalbaperez.org/

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